Se acumulan los sinsentidos en el sector salud

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No hay duda que en México vivimos una etapa anticíclica de muchos contrasentidos, pero en particular en el ámbito de la salud, donde con todo y la pandemia se toman decisiones que resultarán sumamente costosas a futuro.

Por un lado, el actual gobierno no le ha dado la debida importancia al regulador sanitario, la Cofepris. En principio el desconocimiento de su titular ha elevado de manera innecesaria e inentendible los costos regulatorios de importantes sectores productivos del país. El argumento es el combate a la corrupción, pero en los hechos ésta ni se combate y sí se obstaculiza la producción de insumos vitales como son medicamentos, insumos de diagnóstico, equipos de protección y dispositivos médicos.

Al mismo tiempo, la incapacidad política del titular de Cofepris ha minimizado el peso del organismo al grado de que ahora se le considera desaparecer como organismo descentralizado y regresarlo como una dirección más dentro de la que busca convertirse como la super subsecretaría a cargo de Hugo López-Gatell, el estratega de la pandemia quien tal parece quiere extender su poder más allá de la prevención y promoción de la salud como sucede actualmente.

La noticia sobre esa intención impactó la semana pasada a todo el sector salud porque es una aberración en muchos sentidos. La tendencia mundial es a fortalecer su regulador sanitario. En ese tenor íbamos, pues Cofepris a sus casi 20 años ya era respetable y se convirtió en agencia de referencia avalada por la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Habría que ver qué opina ahora la OPS -cuyos representantes en el país son muy cercanos a López-Gatell- de esa intención expresa de desaparecer al organismo regulador mexicano.

Así también aquello de querer desaparecer del mapa al Consejo de Salubridad General cuando debía ser el rector en la pandemia y, presidido por el secretario Jorge Alcocer, el que debió tomar las decisiones conforme su mandato y como organismo colegiado. En esas decisiones debió participar no sólo el Gabinete federal sino las instituciones públicas de salud más representativas, e incluso el sector privado. Pero el subsecretario no le tuvo el debido respeto a la ley y prefirió tomar el control por sí mismo; de ser originalmente designado como vocero, logró la cercanía con la Presidencia de la República, y pasó a asumir el manejo de la pandemia.

De hecho si se hubiera hecho como marca la ley, con la rectoría del Consejo, los gobernadores de oposición no hubieran podido rebelarse pues estaban obligados a acatar. Pero no se hizo como debiera y el estratega generó un desmán. Ahora, los gobernadores piden que se cumpla el mandato de ley y el Consejo retome el control.

El mundo al revés

Otro punto que confirma que en México vamos al revés de la coherencia. Ante la escasez mundial de medicamentos agravada por la pandemia, en vez de impulsar la capacidad productiva nacional de fármacos, dispositivos y otros insumos médicos -que sí la tenemos-, lo que se hace es romper la cadena de suministro y se busca ahorcar a las empresas proveedoras del sector. La orden es comprar estos insumos médicos en el extranjero y pagar a la ONU 135 millones de dólares para que se haga cargo usando su marca como símbolo de honestidad y efectividad cuando en México hay capacidad e instrumentos de hacerlo; la estrategia contra la corrupción no tendría porqué llevar a desaparecer estructuras de compras fundamentales.

Otros países, en contraparte, buscan consumir lo propio para darle fortaleza a su industria farmacéutica nacional. En Estados Unidos su presidente Trump -donde igual que en México gobierna un populista-, dio la orden el jueves pasado de impulsar la compra de medicamentos genéricos a empresas estadounidenses y acelerar permisos sanitarios para fabricar ingredientes básicos. Allá organizan toda una estrategia para afianzar su capacidad productora de fármacos, aquí la destruimos.

El problema es que la mayor parte de sales o principios básicos, materia prima de medicamentos son producidos en China o India. Lo triste es que México tendría toda la capacidad para producir esos farmoquímicos esenciales; lástima que no ha llegado aún el gobernante con visión para estructurar un plan de impulso a esta industria. Ojalá el actual gobierno no la destruya por completo.

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Twitter@MaribelRCoronel

Periodista en temas de economía y salud

Salud y Negocios

Comunicadora especializada en salud pública y en industria de la salud. Cursando la maestria en Administración en Sistemas de Salud en FCA de la UNAM.

Fundadora en 2004 de www.Plenilunia.com, concepto sobre salud femenina. Me apasiona investigar y reportar sobre salud, innovación, la industria relacionada a la ciencia, y encontrarle el enfoque de negocios con objetividad a cada tema.



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