Sin ancianos no hay futuro. Manifiesto europeo para la rehumanización de la sociedad. No a una sociedad selectiva

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Durante la pandemia de Covid-19, los ancianos están en peligro en muchos países europeos. El dramático número de muertos en las residencias los hace estremecerse.

Habrá que revisar muchas cosas en los sistemas de salud pública y en las buenas prácticas necesarias para llegar a todos y sanarlos de manera efectiva. Pero nos preocupan especialmente las tristes historias de mortalidad en hogares de ancianos. Todo esto no habría sucedido si no se hiciera la idea de que podrían sacrificar sus vidas en beneficio de los demás. Es lo que el Papa Francisco define como una “cultura de descarte”, que priva a los ancianos del derecho a ser considerados personas y los relega a ser solo un número y, en algunos casos, ni siquiera eso.

En muchos países, ante la necesidad de atención médica, está surgiendo un modelo peligroso que alienta la “salud selectiva” que considera que la vida de los ancianos es residual. Por lo tanto, su mayor vulnerabilidad, su edad avanzada y el hecho de que pueden ser portadores de otras patologías justificarían una forma de “elección” en favor de los más jóvenes y más saludables.

Renunciar a una solución de este tipo es humana y legalmente inaceptable. La base de la ética democrática y humanitaria es no hacer distinciones entre las personas, ni siquiera por su edad. Estos son principios que forman parte de una visión religiosa de la vida, pero también de los derechos humanos y la ética médica. No se puede aceptar ningún “estado de necesidad” que legitime o brinde cobertura por incumplimiento de estos principios. La tesis de que una esperanza de vida más corta conduce a una reducción “legal” en el valor de esa vida es, desde un punto de vista legal, escandalosa. Que esto ocurra a través de una imposición (del Estado o de las autoridades sanitarias) ajena a la voluntad de la persona representa una violación intolerable añadida a los derechos de la persona.

La contribución de los ancianos continúa siendo objeto de importantes reflexiones en todas las culturas. Aceptar que no tienen el mismo valor significa romper el tejido social de solidaridad entre generaciones y desmembrar a toda la sociedad. No podemos dejar morir a la generación que luchó contra las dictaduras, que trabajó para la reconstrucción después de la guerra y que construyó Europa. Aceptar la muerte “temprana” de los ancianos por una mentalidad utilitaria es una hipoteca para el futuro, ya que divide a la sociedad en clases de edad e introduce el peligroso principio de que no son iguales.

Creemos que es necesario reafirmar enérgicamente los principios de igualdad de trato y el derecho universal a la atención médica que se han logrado en los últimos siglos. Es hora de dedicar todos los recursos necesarios para proteger tantas vidas como sea posible y humanizar el acceso a la atención médica para todos. Que el valor de la vida sea siempre el mismo para todos. Quien disminuye el valor de la vida frágil y débil de los ancianos, se prepara para devaluar todas las vidas.

Con este llamamiento, expresamos nuestro dolor y nuestra gran preocupación por la gran cantidad de personas mayores que han muerto en estos meses y esperamos que se desate una revuelta moral para cambiar la dirección de la atención médica para los ancianos y para ellos, especialmente los mayor. Más vulnerables, nunca se consideran un peso o, peor aún, inútiles.

* Manifiesto europeo firmado por 21 personalidades:

Andrea Riccardi, historiador, fundador de la comunidad de Sant’Egidio

Romano Prodi, ex presidente del Gobierno italiano y de la Comisión Europea

Jeffrey D. Sachs, director de la Red de Soluciones de Desarrollo Sostenible de la ONU

Manuel Castells, profesor de sociología en la Universidad de California Berkeley, España

Aleksandra Dulkiewicz, alcalde de Danzica, Polonia

Simonetta Agnello Hornby, escritor, Reino Unido

Felipe Gonzlez Mrquez, ex presidente de españa

Irina Bokova, ex Director General de la UNESCO, miembro del Alto Comité para la Fraternidad Humana, Bulgaria

Mark Eyskens, ex primer ministro belga

Hans Gert Pttering, ex presidente del Parlamento Europeo, Alemania

Marie De Hennezel, psicólogo, Francia

Jean-Pierre Denis, editor del semanario ‘La Vie’, Francia

Tarjeta. Matteo Zuppi, arzobispo de Bolonia

Adam Michnik, ensayista, director de Gazeta Wyborcza, Polonia

Michel Wieviorka, sociólogo, presidente de la Fundación Maison des Sciences de l’Homme de Paris, Francia

Giuseppe De Rita, fundador de CENSIS

Stefania Giannini, Director General Adjunto de la UNESCO

Maria Antnia Palla, periodista, Portugal

Navi Pillay, juez, presidente de ICDP, Sudáfrica

Annette Schavan, ex ministro federal alemán de Educación e Investigación, Alemania

Jrgen Habermas, filósofo, Alemania

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PARA OTRA INFORMACIÓN: www.santegidio.org

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