Abuelos, niñeras y menos horas de trabajo para sobrevivir sin escuela.

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Mientras esperan que el gobierno detalle cómo y cuándo las niñas y los niños regresarán a la escuela, muchas familias han encontrado un rompecabezas difícil de resolver en casa. Las aulas cerradas no solo complican el teletrabajo y la conciliación. Con el regreso al trabajo, algunos trabajadores ya están calculando el costo de los canguros, las opciones para reducir las horas de trabajo y los riesgos de dejar a los niños con sus abuelos. En ARA hemos reunido evidencia de esta situación.

Familia Alvarez Tornes

“Nos vemos obligados a dejar a nuestra hija tres días a la semana con una niñera”

Núria tiene cuatro años y desde que comenzó el parto, ha cambiado la guardería a una niñera que la cuida tres días a la semana. Es el precio que sus padres deben pagar para continuar trabajando a pesar de la pandemia. “Simplemente nos avisamos entonces. Trabajo a tiempo parcial, pero no he dejado de ir a trabajar desde el principio”, explica Maite Tornes, su madre, que trabaja en una empresa de plantas en Premià de Mar. Los lunes, Los miércoles y viernes vuelve a trabajar mientras Núria se queda con el canguro. Hacer un esfuerzo financiero, a pesar de que han dejado de pagar la tarifa de jardín de infantes, era la única forma en que la familia se reconciliaba durante la pandemia. Su esposo, Juan José, solo pudo retrasar su trabajo durante las dos semanas de estricto encierro, en el que tuvo que trabajar en días alternos, también en una empresa del sector hortícola. “Continuaremos así hasta que comience la escuela porque no planeamos tomar vacaciones este año”, dice Maite. A esto se suma el hecho de que también tiene que cuidar a sus padres, de 90 y 87 años, y a su propio hermano. “Simplemente nos llamó la atención entonces. No puedo dejar a la niña con ellos porque requiere demasiada atención”, agrega. Ella da un suspiro de alivio porque su trabajo no está en peligro, pero lamenta que “no sea sostenible” mantener las guarderías cerradas por más tiempo.

Los sindicatos han estado pidiendo una “solución” durante semanas, insistiendo en que si el cierre de las escuelas se prolonga, podría obligar a los padres a pedir reducciones no deseadas en las horas de trabajo. “Los padres solteros son nuestra principal preocupación”, dijo Núria Gilgado, secretaria de política sindical de UGT. Advierte sobre el riesgo de que algunas familias tengan que dejar a sus hijos solos en casa para ir a trabajar y le pide al Gobierno más beneficios. “Recibimos muchas consultas de madres ansiosas. Son los más perjudicados “, concluye Gilgado.

Familia Lucas Encinas

“No tenemos las facturas para contratar a una niñera”

El laboratorio donde trabaja Carla Encinas depende principalmente de tratamientos para pacientes extranjeros. Con los vuelos detenidos, la compañía ha presentado un archivo de regulación de empleo temporal (ERTO) y durante el encierro es ella quien cuida a sus dos hijas, de uno y cuatro años. Su esposo es maestro y puede trabajar desde casa. Aunque tiene cuatro abuelos, sus padres aún trabajan y la vida de su pareja fuera de Barcelona. “Si fuera solo el grande, podríamos organizarnos, pero con el otro no puedes hacer nada más. Solo tienes que ser más exigente con la ayuda que brindas a otras personas”. Antes del encierro, el pequeño La niña se quedó con un canguro por las mañanas, pero sin haber recibido el beneficio en marzo o abril, no se le puede permitir regresar. “No recibimos las facturas”, dice. Cuando regrese a trabajar no podrá teletrabajar y no tendrá mucha flexibilidad para adaptarse al horario. Además, el día ya se ha reducido. “Espero que el verano sea más llevadero”, suspira.

Familia Garcia Martos

“Con nuestros salarios ya habíamos descartado la guardería”

Cristina Martos regresó de la licencia de maternidad el día anterior a la declaración del estado de alarma. Ahora, la compañía de comunicación digital para la que trabaja ha presentado un archivo de regulación de empleo temporal (ERTO) que reduce su jornada laboral al 70%. “El regreso al trabajo ha sido todo en línea y sin tener en cuenta que ahora tengo una niña”, dice. En la práctica, son más horas que antes, pero con una nueva rutina que la obliga a comenzar a trabajar a las seis de la mañana para poder descansar cuando su hija Hannah se levanta a las nueve. “Al final extiendo las ocho horas y más”, dice. Su pareja teletrabaja al menos hasta septiembre y tiene un pequeño salvavidas: las dos semanas que aún no había pasado con permiso de paternidad. Cuando regresan a la oficina, está claro que tendrán que dejar a la niña con sus abuelos. “Con los salarios que tenemos, ya habíamos descartado llevarla a la guardería en septiembre y ahora sería aún más complicado para nosotros”, explica.

Familia de tierras navarras

“Si la escuela no comienza, dependemos de mi madre”

La madre de Anabel Navarro se convertirá en la niñera oficial de su nieta Inés si, cuando se levanta el estado de alarma, las escuelas aún no han abierto. “Será muy difícil porque tendré que ir a la corte tres veces por semana”, dice Anabel. Ella trabaja como abogada para una empresa de seguridad y, aunque puede preparar casos desde su casa, debería estar fuera a juicio. Su esposo, a quien se le dio un ERTO, ya ha sido advertido de que podrá reunirse cuando terminen las restricciones. En casa, el teletrabajo es complicado, pero se turnan para cuidar a la niña. “Un canguro es un gasto que no podemos pagar en este momento y vivimos puerta a puerta con mi madre. Si la escuela no comienza, dependemos absolutamente de ella “, admite. La reducción de la jornada laboral lo descarta directamente porque este año probablemente no cubrirá la bonificación por objetivos que completen su salario”. Ya no pensamos en ahorrar, pero tratar de no aumentar el gasto “, explica.

Familia Jambrina Beleta

“¿Qué tipo de trabajo puedes hacer durante una semana y una semana?”

Como doctora independiente en una clínica privada, Esther Beleta tiene espacio para ajustar sus horas de trabajo al hecho de que su hijo de tres años y medio se ha quedado sin un hijo debido a la pandemia. Su esposo es un científico de la computación y puede trabajar desde casa, por lo que ha optado por tomar guardias los fines de semana y cuidar al niño el resto del día. “Exige cada minuto del día”, dice. Ella ha asumido que tendrá que reducir la jornada laboral hasta septiembre, que ya había acortado con la maternidad. “Puedo armarlo un poco, pero ¿a qué tipo de trabajo puedes ir durante una semana y trabajar durante una semana?” Pregunta sobre la posibilidad de que el año escolar vuelva a la mitad del gas. No tiene la opción de sus abuelos, ya que vive en Madrid y ellos en Cataluña, pero estima que puede soportar al menos hasta diciembre trabajando menos horas con el salario de su esposo. “Cuando tienes un hijo, sabes que la carrera de uno de ellos es complicada”, dice, resignada.

Familia Nogueras Massó

“Trabajo en turnos de noche en el hospital. Si nos dejan sin una escuela en septiembre, nos matarán”.

En el caso de Marc Nogueras y Cristina Massó, de Palafolls, la logística doméstica durante el confinamiento se ha vuelto prácticamente imposible. Él es una enfermera en el turno de noche en el Hospital Blanes y ella es una mujer policía. Ambos son trabajadores esenciales desde que comenzó la emergencia de salud. Para evitar infectar al resto de la familia para mantenerse en contacto con los pacientes, Marc salió de su casa al comienzo de la pandemia, mientras que Cristina se quedó a cargo de sus hijas gemelas de siete años con su suegra. “Si nos dejan sin una escuela en septiembre, nos matarán”, dice el trabajador de salud. Su única alternativa es seguir pidiéndole a su abuela que los vigile durante el día, una solución que les resuelve el mantenimiento básico, pero no rastrea el trabajo escolar. “A corto plazo te estás adaptando, a largo plazo es imposible”, lamenta Cristina, quien tiene que combinar a los guardias de la estación de policía con los extracurriculares de sus hijas. Con la demanda de vacaciones desde febrero, ahora están cruzando los dedos para tomarse un descanso en el verano.

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